• Bienvenidos a Narcóticos Anónimos

Impotente ante el miedo

Al volver al Primer Paso con más de seis años limpio, le pedí a uno de los veteranos de nuestra confraternidad que me guiara a través de los Doce Pasos. Cada vez que he hecho los pasos con un padrino, he aprendido lecciones valiosas. Mi trabajo de los pasos con padrinos diferentes es una manera de seguir fortaleciendo mi recuperación…  y de ayudarme a aprender métodos nuevos para orientar a otros compañeros con los pasos. Esta vez la cosa empezó de una manera un poco diferente. Me preguntó qué problema quería abordar. «Bueno, quiero tu ayuda con los pasos», respondí. Me preguntó entonces si tenía problemas con la adicción activa. Como le dije que no, me desafió entonces a que decidiera qué problema quería superar mediante el uso de los pasos. Eso me recordó que el proceso de los doce pasos de recuperación puede ofrecer soluciones a todos mis problemas. Tuve que pensar en ello.
Al principio, se me ocurrió que me iría bien aprender a priorizar mejor las cosas en mi vida. Me doy cuenta de que con frecuencia tengo problemas con lograr cosas que me resultan importantes porque probablemente tiendo a  postergarlas todo lo que puedo. Distribuyo el tiempo haciendo primero cosas simples y menos importantes y después tengo que correr para hacer las importantes. Mi padrino no parecía muy convencido de que este fue el problema básico, así que me instó a pensar más.
Como si pelara una cebolla, me hizo falta un poco más de análisis para decidir que hoy sigo luchando con el miedo. Me pidió que respondiese a una serie de preguntas sobre este tema. «Bueno, no soy tan impotente ante el miedo —me sorprendí diciendo—. Me refiero a que no siempre estoy encogido de miedo o dejando que domine
mi vida.» Al decirlo, me acordé de que solía decir lo mismo sobre mi consumo…, ya sabes, cuando consumía entre una reunión y otra y decía que en realidad no necesitaba ir a las reuniones.
Eso me recordó que tuve que aprender duramente lo impotente que era ante mi adicción. Durante esos años, todo apuntaba a la idea de que mis problemas giraban en torno a mi consumo… y a todas esas negaciones categóricas. Mira, es que me gusta drogarme. Y aunque que no me vendría mal consumir un poco menos, seguro  que puedo parar si quiero o si de verdad lo necesito. No me enfrenté al hecho de que no podía dejar de consumir hasta que de verdad necesité hacerlo.
Al recordar cómo tomé conciencia, logré ver la verdad más allá de mis miedos. De verdad no puedo controlar lo que me provoca miedo. No puedo controlar cuándo surge el miedo, cómo responderé ni cuánto va a durar. Sencillamente, soy impotente ante aquello que me provoca miedo, cuando aparecerá ni cuánto durará. También tengo problemas con la forma en que reacciono ante el miedo, y eso nos lleva a la segunda parte del Primer Paso.
Al mirar atrás, a mi vida cuando consumía, es fácil ver los signos de la ingobernabilidad. La pérdida de trabajos, libertades, relaciones, seguridad y salud son algunas de las cosas que primero se me ocurren que indican la ingobernabilidad en mi vida. Al principio, cuando traté de abstenerme del consumo de drogas, me di cuenta de que
no podía gobernar la decisión de no consumir; pero a medida que fui entendiendo mejor este concepto, llegué a comprender que el elemento más significativo de la ingobernabilidad es la idea de que yo (por mí mismo) no puedo disponer y mantener todo y a todos para que se adapten a mis deseos, por muy buenas intenciones que tenga. Invariablemente se aplica la ley de Murphy, y todos «me la tienen jurada».
Habiendo obtenido experiencias espirituales como resultado del trabajo de los
Doce Pasos, puedo decir que en mi vida parecen estar presentes unos pocos de esos

Así que con varios años de tiempo limpio entre pecho y espalda, ¿dónde está la ingobernabilidad ahora ?

Salud

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